martes, marzo 11, 2008

Es de noche. Acerco a mi escritorio la lámpara y hundo su hocico para que bese el cuerpo blanco e inerte de la hoja que yace bajo mis ojos. En unas horas deberá estar reanimada, flotando casi y con el cuerpo tatuado... mientras tanto, juego con mis dedos bajo la bombilla que pende de un cielo imaginado, con movimientos bruscos como de universo a punto del big-bang: veo la sombra de dos personas que caminan sobre la hoja y se aproximan, son gigantes deformes y gigantas de multiples senos, avanzan y casi al llegar, desaparecen angustiosas bajo la fuerza invisible del cenit...
Detengo el juego, la noche avanza. Debo comenzar ¿Cuándo podré estar como esta vez, completamente solo? ¿Completamente hundido en un delirio enfermizo y enfermo? ¿completamente a la deriva, apunto casi de? Bañado de un grito que es el mío y que vuelve a mi sin haber salido, en las fronteras inabarcables de mi propio pecho.
Esta noche es impostergable, esta obscuridad no será la obscuridad que pueda, ni deba repetirse. Muchas veces se renace. Sólo una vez se muere.

viernes, enero 25, 2008

cuando quiero pensar en algo que me agrada, pienso en la sangre menstrual que desordena hasta las dietas de los nutriólogos más estudiados, la noche que engendra los sueños, las- los hermafroditas que luchan para que los dejen de mutilar convirtiéndolos a uno de los dos sexos socialmente reconocidos, la lava cuando baja sobre ciudades contaminadas y devuelve sus nutrientes a la tierra que quema, el movimiento feminista mientras dice a las diferentes culturas que apresan a las mujeres en los sistemas de parentesco masculinos: "sus medidas y hasta su sistema de medición no nos sirven porque hemos aprendido a reconocernos unas a las otras".

Francesca Gargallo en "Ideas feministas latinoamericanas"

lunes, diciembre 31, 2007

Hoy es 31 de diciembre: Ya casi es primavera.

martes, diciembre 25, 2007

Fragmentos de
"Ensayo de confesión"



Hoja uno. Hoy he vuelto a sentir otra vez, ese raro impulso juvenil que me lleva de nueva cuenta a escribir; he sacado de entre las cajas del sótano los cuadernos que ocupo habitualmente para esta labor, salto de mi sopor a la tarde, ceremoniosamente apago el ordenador y a la mano veo intacta, una pluma que ha sobrevivido sobre la mesa todo este tiempo. Puedo comenzar mi trabajo: subo a lo alto de este edificio y abro teatralmente mis brazos a la noche, veo las luces que abarcan el mundo de allá abajo y al instante me recuerdan, que habito una ciudad y que soy un hombre urbano. Cierro los ojos, me suelto escribo, seguro que la caída no será tan dolorosa y que al momento, pondre un punto final trascendente y podré seguir viviendo.

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Hoja tres. Esta noche fue muy distinta a otras que hemos pasado juntos, desde que nos conocemos. Me dió la impresión que no hubo sorpresa ni algo especial pese a que ambos lo esperamos: era como un jueves por la noche después del trabajo. Reconozco sin embargo, el esfuerzo que hacemos por lograr ser empáticos, condescendientes, amables, pero no siempre resulto y tú lo sabes. Sé que te preocupan situaciones como esta, lo sé porque siempre me mantengo atento a tus gestos y tus acciones, aunque imagino que piensas que vivo desapegado, pero esa es solo mi apariencia: no deja de enternecerme tus ganas de compartir, pero me sorprende sobre todo la persistencia de tu cariño.
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Hoja cuatro. Esto que escribo a continuación me concierne más a mí y es una confesión, es un intento de aclararme las cosas, mis cosas. Sé y es inocultable que todo este tiempo has estado presente a mi lado, y por eso mismo es inevitable que te mencione; sin embargo, mi intención al hacerlo no es descifrarte, realizar alguna biografía o acusarte. En otro momento me he ocupado de tu mundo, ahora el tiempo me persigue y además estoy seguro que quién debe explicarte a tí eres tú misma. No me ocuparé del oceáno: sólo tocaré las olas que tocan la arena.
Estas hojas probablemente no se publiquen ni lleguen a manos de ningún lector: serán tan solo un instumento personal para reflejar y ser reflejo, para verme y ver desde y hacia mis propios ojos. Después, podrán ser deboradas por hocicos de perros hambrientos, o desintegrarse en charcos bajo la lluvia de cualquier verano.
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